The white stripes

 

Existe una gran ciudad en Estados Unidos llamada Detroit, ubicada en el estado de Michigan. Como muchos sabrán es la cuna de la conocidísima empresa automotriz creada por Henry Ford, y a su vez es un gran centro de la industria de este rubro.

También este lugar fue en el que surgieron grandes bandas de rock de los ’60, como The Stoogies (una de las bandas por las que pasó Iggy Pop) y MC5; a su vez también fueron pioneros del garage rock, en la búsqueda de crear un estilo de blues completamente nuevo, al igual que como hicieron muchas bandas de rock en la época para innovar: tratando de imitar el blues. Hasta los de Kiss le dieron el nombre de Rock City, así que esta ciudad debe revestir una gran importancia, tanto económica como musical.

En este ambiente tan prospero, y luego de unos cuantos años del Ford T y del lanzamiento del Raw Power de los Stooges, su mejor disco a mi criterio, que para nada debe coincidir con la razón, el matrimonio conformado por John Antony Gillis y Megan Martha White, mejor conocidos como Jack y Meg White, deciden formar una banda. Para el que necesite que se lo diga esta banda se llama The White Stripes. Creo que el que nunca haya escuchado hablar sobre esta banda debería replantear su vida.

El señor Jack White, anteriormente a la banda en cuestión había tocado en varias agrupaciones de la zona de Detroit como baterista, hasta conocer a la señorita White, con la que luego decide casarse. Pero ahora hay que centrarse en lo que nos incumbe, que es el matrimonio musical que estas dos personitas tuvieron.

En 1999, luego de dos años de actividad, deciden lanzar su primer álbum, con el muy original nombre de The White Stripes. Claramente se notan las influencias musicales de la pareja (despiden blues por cada orificio), y vemos también que conciben la misma idea que tuvieron otras bandas de la ciudad décadas atrás, darle una vuelta de tuerca al blues que escuchaban.

Arreglos y composiciones simples, sonido crudo, de baja fidelidad y tan “Detroit”. Así y todo tienen una suenan con una furia y una energía tan poderosa que cautiva ya al escuchar la primera canción de su disco debut, Jimmy the exploder: un comienzo con la contundente batería a manos de la señora White, y a continuación la entrada de la guitarra, obra del señor White. Podría seguir hablando de las dieciséis restantes canciones, pero prefiero que el que esté interesado en escuchar el álbum deje de perder tiempo leyendo esto y se dedique a algo más importante.

También te puede interesar: