La censura en la música por estilos ocurre todos los días y nadie habla de ella

Hablar sobre la censura en la música está de moda, pero nadie habla sobre una forma de censura institucional que parece ser totalmente independiente del signo político y que sucede en la práctica totalidad de las constrataciones realizadas por las instituciones: la censura de estilos.

Tras la censura sufrida por diversos grupos por motivos ideológicos, realizada en los últimos tiempos por partidos políticos de diferente ideología, la censura en la música vuelve a estar en el candelero. Sin embargo, los análisis sobre la censura se basan únicamente en la ideología explícita y el componente lírico (letras), motivo por el cual se obvia la realidad de la censura institucional que sufren determinados estilos musicales en nuestro país.

¿A qué me refiero con esto? La ideología explícita es aquella que podemos escuchar de forma directa en el componente lírico (letra), pero es solo una parte (en cierto sentido menor) del lenguaje de la música, que viene existiendo desde hace miles de años sin el componente lírico que explicita el mensaje.
Más allá de este componente, existen mensajes implícitos que se desarrollan en la música, pues precisamente un cometido de la música instrumental es narrar historias, emociones o actitudes ante la existencia.

Además, hay un componente implícito diferente, que tiene que ver con el aspecto cultural de la música y su contexto histórico-político. En el jazz, por ejemplo, el componente cultural implícito es la libertad frente a la esclavitud, el poder del cuerpo, el ritmo y el movimiento y la liberación de las restricciones de la sociedad reaccionaria blanca, que impedía a la población afroamericana expresar sus raíces culturales.
En el rock tuvo mucho que ver con la liberación sexual, pero también con la confrontación con una sociedad de consumo en la que la existencia de cada persona estaba prefijada por sus padres. Era una suerte de choque intergeneracional. El metal buscaba expresar la rabia frente a quienes confrontaban a través del pacifismo, no rechazando las pasiones y la emoción de la ira del ser humano. Por contra, el punk era una forma de rebeldía antisistema muy relacionado con el movimiento anarquista.

También hay un componente social y generacional que diferencia a los estilos, con la creación de tribus urbanas, o con el consumo de estilos musicales en personas que comparten gustos o características conductuales. Es decir, los estilos musicales tienen un componente, como mínimo, triple de diferenciación: mensaje no lírico, aspecto cultural o mensaje implícito del estilo y componente social de afinidad.
Por supuesto, ese componente de diferenciación termina con una desideologización a lo largo de los años. El rock puede ser sexualmente conservador, el jazz puede hablar sobre la vida de unos blancos en su mansión, y el blues no tiene por qué reflejar ningún sentimiento racial. La ideología se difumina y al final final queda la música. Muchos grupos practican estilos con una identidad cultural inicial muy marcada, y sin embargo su música no es ideológica. Y están en su derecho, pues la música es, en sí misma, un valor cultural que no requiere de un componente sociopolítico.

Sin embargo, la única censura de la que escuchamos hablar en redes sociales, tv y radio es la que tiene que ver, de forma directa, con las letras. Censuras, además, que suelen realizarse a posteriori, es decir, cancelación de conciertos, y que apenas vienen a representar la punta del iceberg de la cultura en nuestro país. De hecho, si comparamos los últimos casos de censura con la censura a priorique sufren diferentes estilos musicales, no representan apenas un caso de cada 1000.

Un ejemplo sería el metal, pero también podemos acudir al blues, al jazz, o al hard rock (que no rock urbano, más influenciado por el punk). Otro, la música clásica o instrumental.
En nuestro país hay miles de bandas que pugnan por destacar en el panorama musical. Si habéis permanecido o estáis en el movimiento, tal vez os choque percataros de que los ayuntamientos de un signo de derecha suelen contratar bandas de estilos determinados, y los de izquierdas bandas de otros estilos determinados.
Pop, indie, rock urbano, punk, rap, hip-hop, cantautores, flamenco… son estilos comunes en las contrataciones institucionales. Los ayuntamientos censuran respectivamente, no solo los grupos cuyas letras pertenecen a ideologías contrarias a su signo, sino aquellos cuyos estilos representan una ideología implícita, aunque los grupos no tengan nada que ver con eso porque el estilo esté desideologizado.
Ahora bien, hay estilos que, sea por afinidad cultural o ideológica, sufren esa censura por parte de todas las instituciones, sea cual sea su signo, y nadie habla sobre ello.
Estilos con un seguimiento masivo y que son practicados de forma mayoritaria por los grupos y músicos de nuestro país. Y si no, haced la prueba, acudid a locales de ensayo, y comparad la cantidad de grupos con nivel semiprofesional que hacen rock, metal, blues, jazz o música instrumental con los que hacen otros estilos de los que he citado antes, como puede ser el indie de tendencia «hipster» o los cantautores.

¿Por qué nadie habla sobre este tipo de censura a priori? Parece que queda fuera de toda duda que, salvo en casos en los que la acción privada o las asociaciones han convertido un evento en algo muy rentable (como festivales de blues y jazz en determinadas localidades) o comunidades autónomas con un mayor nivel de interés cultural en las instituciones, ciertos estilos musicales sufren un grave menoscabo si se comparan las contrataciones institucionales.
¿Cuántos ayuntamientos, de izquierdas o derechas, contratan de forma asidua grupos de hard rock o metal en fiestas de barrios y municipios, a pesar de que son estilos mayoritariamente practicados por los grupos noveles? ¿Por qué es tan difícil ver una banda de blues fuera de una jam session o una sala especializada? ¿Y la música instrumental, más allá de las ciudades que cuentan con auditorios? No vale la excusa de que requiere muchos instrumentos, no necesitas una sinfónica para montar un concierto instrumental que, además, puede interpretar piezas conocidas por la cultura más pop.
Esta censura parece tener diversas causas. Una es que la mayor parte de los grupos políticos son brutalmente endogámicos y herméticos. Son, en sí mismo, una tribu urbana basada en estereotipias. Una guía práctica de los llamados «endogrupos» de la psicología social. Esto implica que normalmente escuchan estilos específicos y que se retroalimentan a sí mismos, entrando cada vez en un bucle cultural más limitado. Por tanto, para ellos grupos con un alto contenido político lírico (siempre que se adapte a sus dogmas herméticos) y artistas de estilos determinados que relacionan con su identidad política son lo más apto para contratar. No siempre tiene que ver tanto con que sean personas de su entorno, como que ellos forman parte de la identidad social y cultural que relacionan con su identidad política, como «mente colmena».

Hay quien podría decir que esto no es censura, que obedece a un problema de desconocimiento, al hecho de que muchos concejales y personal de los ayuntamientos desconocen los estilos musicales. Que es inconsciente. Pero la realidad es que eso no importa. Si se censura un estilo porque a los responsables públicos no les gusta, es censura. Y si es porque desconocen ese estilo, es que son unos incompetentes que deberían ser inhabilitados para realizar su trabajo.
Necesitamos que las instituciones tengan en el ámbito cultural a personas responsables y equipos que conozcan el funcionamiento del mundo cultural y deleguen cuando sea necesario. No que utilicen las áreas culturales como peones para intercambiar en su juego político o un cementerio de elefantes donde enviar al inútil al que no sabes cómo colocar.

Todo esto lleva a pensar en cuáles son los criterios de contratación en las instituciones. ¿Quién decide cómo se contrata, bajo qué criterios? ¿Gusto personal? ¿Importancia cultural y artística? ¿Interés del público?

Es obvio que una de las labores más importantes del plano institucional es preservar y promover la cultura. No actuar únicamente como una «sala de fiestas» que lleve en cada momento al grupo de moda. Se necesita un equilibrio entre el plano lúdico y el cultural.
España es uno de los países europeos con menos cultura musical, tanto en el sistema educativo, como a nivel institucional. Ciudades que se supone tienen en la cultura su principal eje apenas hacen hincapié en la formación cultural, en enseñar que la cultura y la música no son solo «fast food». Es muy importante «comerse» un «perrito caliente musical» como podría ser un concierto de música ligera de baile, pero tan importante como eso es enseñarle a la población (especialmente, la gente más joven) que existe otro tipo de cultura. Una vez más, si no, la institución confunde su cometido con el de una sala de fiesta.
Esto se solucionaría, especialmente en ciudades grandes, con comisiones y comités especializados. No nos confundamos, nunca será un sistema perfecto. Siempre habrá quien practique el nepotismo, pero al menos eliminamos el criterio de contratación de personas que no saben nada sobre música, que solo conocen aquellos estilos que refuerzan los medios de masas.

Actualmente, la (mala) labor institucional en cultura, que establece una forma de censura a priori por estilos, establece una desigualdad de base que está cerrando las puertas a diversos estilos y que está primando cultural y socialmente unos estilos sobre otros. Cuando vemos el programa de fiestas o el programa musical de una capital de provincia a lo largo del año y faltan estilos completos, o estos tienen una presencia prácticamente insignificante, no nos percatamos, pero el Ayuntamiento de turno está invisibilizando y guiando el gusto de la población.
Una vez más, la perfección es imposible, y si un festival de jazz funciona bien, o lo hace uno indie que está patrocinado o subvencionado por X Ayuntamiento, lo lógico será continuar por esa senda, por supuesto. Pero, aún siendo imperfectos, sería deseable que las instituciones, que tienen una labor clave en la educación musical y el conocimiento de los diferentes estilos, no sean precisamente quienes se dedican a sembrar la desigualdad que posteriormente incide en el ámbito privado y en los gustos futuros de toda una generación.

 

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Áreas de Estudio en una Rutina

Aquí os traigo el nuevo artículo realizado para el portal guitarbend,  en el que repasó las diversas áreas de estudio que debemos afrontar a la hora de elaborar una rutina de estudio, independientemente del nivel que queramos alcanzar.

Éste artículo sirve igual para guitarristas que pretendan alcanzar un nivel promedio y tocar únicamente un estilo, o para guitarristas que buscan un alto nivel profesional.

Espero que disfrutéis de su lectura, podéis realizar preguntas si queréis y serán contestadas en el propio portal..

http://guitarbend.com/content.php?r=168-areas-de-estudio-en-una-rutina-musical


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Nuevo portal de guitarra: Guitar Bend

GuitarBend es el nuevo portal de guitarra dirigido a guitarristas, bajistas y otros músicos que buscar contenido de calidad y debates en un marco de respeto mutuo.

Podéis entrar a través de la dirección URL www.guitarbend.com sin necesidad de registro, si bien en el futuro se habilitarán concursos y sorteos de diverso tipo para todos aquellos que estén registrados en el portal.

A partir de ahora publicaré diversos artículos como venía haciendo en otros portales que serán también anunciados en esta página. Muchos de esos artículos pertenecen al área de didáctica musical, otros serán biografías o reviews de guitarras, backing tracks, entrevistas, amplificadores, pedales de efectos…

Contamos también con la inestimable colaboración de Juanjo Pelegrín, guitarrista conocido en España por sus artículos y su relación comercial con marcas como Ibanez, Tokai….

Os animamos a participar en este nuevo portal que incluye las secciones de foro, artículos, academia online (que abrirá en breve) y blogs personales de diverso contenido.

Para registraros podéis utilizar vuestro e-mail o bien conectados directamente desde vuestra cuenta en Facebook, momento a partir del cual seréis miembros de pleno derecho.

 

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BSO Bandas sonoras y musica clásica, origen y curiosidades

Las BSO, como se conoce a cualquier tipo de música que sirva contextualmente al desarrollo de una película o creación (series, videojuegos) no siempre bebe de la música clásica; una BS puede ser un disco de rock, pop, música ambiental, jazz… Pero el cine de Hollywood y parte del cine europeo siempre acudieron a grandes compositores, generalmente con una fuente de estudios basada en la orquestación y grandísimos conocimientos de armonía, en gran medida (en algunos casos, completamente), basados en el estudio del clásico, y es ese el ejemplo que vamos a tratar en este caso.

Durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, asistimos a la renovación de la música clásica, al alcanzar esta su vertiente más experimental, jugando con tensiones nuevas o previamente «prohibidas» o formas de música atonal u oriental.

Recordemos que el término Música clásica está aceptado en el diccionario y a día de hoy es el correcto para identificar todos los estilos de música clásica, no solo el período del clasicismo. Al contrario que antes, términos como música culta o música docta, carecen de sentido, al ser también música propia de estudio el jazz, el blues, el rock, el folk o el metal.

Si bien la eclosión de las bandas sonoras llegaría en la segunda mitad del siglo XX, con grandes figuras como Goldsmith, Morricone, el sempiterno John Williams, James Horner, Danny Elfman, Nobuo Uematsu, Hans Zimmer, Yann Tiersen destacando a lo largo del siglo pasado y principios de este, sus orígenes tienen lugar mucho antes, en la música clásica «contemporánea», tanto la atonal, como la experimental, o la que jugaba con tensiones orientales desconocidas o incluso prohibidas hasta la época (juego de movimientos y cadencias tritónicas, por ejemplo).

Como dato curioso, para muchos la primera BSO de la historia es la de la película El cantante de jazz, pero lo cierto es que una BS normalmente narra musicalmente la acción o trama de la película, aunque esta matización no tiene por qué ser obligatoria. En caso contrario, suele considerarse más un Musical que una BSO, algo similar a lo ocurrido en comedias clásicas o películas en las que los protagonistas se arrancan a cantar un tema que no pretende crecer con el ritmo del film o acompañar su sentido dramático. En un musical la película depende de la música, y no al revés, aunque encontramos formas clásicas incluso en películas musicales afamadas, como Love Story.

De hecho, en las primeras BSO como tales, con un corte más clásico, pero con variaciones que provenían del clásico contemporáneo, y que se atreven a ir más allá, incorporando otros estilos, encontramos a figuras como Steiner, uno de los grandes pioneros (King Kong), que curiosamente era alumno de Mahler, uno de los compositores de clásica «moderna» más importantes de la historia de la música.

En autores como Elfman o Zimmer, o el propio Williams, encontramos aquí y allá un detalle arquetípico y clásico, cadencias y orquestaciones al uso, mezcladas con pasajes mucho más atrevidos y delirantes, que en gran medida provienen de autores como Mahler, Debussy, o los «zares» rusos de la música moderna, los geniales Prokofiev (basta escuchar el tramo de Montescos y capuletos de su obra Romeo y Julieta) y Mússogorsky, con su genial obra Cuadros de una exposición.

Estos autores incorporan en gran medida la armonía propia de la música tradicional rusa, que proviene de oriente y guarda formas diferentes a las armonías más tradicionales, en el contexto de una orquestación clásica, y con constantes guiños a las tensiones y la música modal, pero sin llegar a resultar «inaudible» o excesivamente avant-garde.

Por ello, si realizamos un estudio de los autores clásicos más influyentes, figuras como Mahler, Debussy, Prokofiev o Músogorsky, de diferentes escuelas, pero con un gusto por la experimentación armónica que les aleja de los precedentes más clásicos, veremos su firma en muchas grandes obras maestras, como Tiburón o Star Wars (Williams), cualquier BSO de Danny Elfman (MIB, Eduardo manostijeras…)…

Por supuesto, esto no tiene por qué ser referido a todo el ámbito de la BS, pues como explico previamente, las mismas pueden contener música de muy diversos estilos, aunque a día de hoy, obras como Harry Potter (Williams), Los piratas del caribe, Inception o la trilogía de Batman más moderna (estas tres últimas de Zimmer) destacan por encima de otras con formato canción, quizás porque al ser música instrumental, realizada en el contexto de una orquestación, permite alcanzar diferentes cotas de intensidad y abandonar las formas clásicas más antiguas para retornar de nuevo a la música contemporánea.

Con el paso de los años vemos como en las BSO afloran tres tendencias diferentes:

Música clásica: tiene por objetivo contextualizar musicalmente el desarrollo de la película, y por ello se adecúa en tiempos y formas al guión. Hoy en día mezcla elementos clásicos con modernos, algo que se ve en el uso de instrumentos eléctricos combinados con secciones de cuerda, viento, percusión o corales.

Formato canción: La contextualización del desarrollo es mucho menor, pero si que puede incidir en un momento dado. Quién no recuerda el famoso Unchained Melody en Ghost mientras la pareja recrea una escena romántica y erótica dando forma a una vasija, aunque el tema no fuera hecho para la película, algo que si ocurre en El guardaespaldas.

Música instrumental general: Al igual que la clásica, contextualiza. Podemos encontrarnos una BSO de jazz (aunque pocas veces es original, suelen ser piezas compuestas previamente), BSO de new age, como las realizadas por el genial Vangelis, otras de música electrónica, ambient…

Como vemos, la música clásica sigue vigente hoy en día en un formato comercial en el que además ha evolucionado, tomando elementos de la música contemporánea y las músicas del mundo, y reinventándose a si misma.

Muchas personas que creen vivir alejadas de este estilo, o muchas otras que creen saberlo todo sobre el mismo, viven rodeadas de nuevas formas que algún día pasarán a formar parte de escuelas que estudien un estílo de música que, tal vez, debiera encontrar un nombre más adecuado.

 

 

 

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Educación auditiva; importancia y trabajo

La educación auditiva es el gran desconocido del trabajo del músico, un trabajo que resulta importantísimo, tanto para el músico profesional, como para el músico amateur.

¿Qué es realmente la educación auditiva y por qué hay que trabajarla?

La educación auditiva no es más que el desarrollo del oído musical, que nos permite ser capaces de relacionar diferentes sonidos, es decir intervalos. Gracias a esto, a la larga distinguiremos mejor escalas, acordes, o progresiones, dado que todas ellas están formadas por intervalos.

Esto nos serviría en varios aspectos de la música; distinguir auditivamente una escala y un acorde de otro, ser capaces de sacar un tema de oído con relativa facilidad, improvisar sabiendo cuál es la nota que buscamos y que está en nuestra cabeza, sacar un solo o un punteo, componer a mayor velocidad, saber instintivamente qué adornos o tensiones quedan mejor sobre determinados acordes… y no menos importante, comenzar a utilizar como músicos intervalos que naturalmente no se nos ocurrirían, lo que deriva en una mayor variedad en el fraseo o en nuestras secciones rítmicas, en una mayor capacidad de improvisación y composición, y en un sonido menos escalar y monótono.

La diferencia entre un músico que trabaja educación auditiva y uno que no lo hace se manifiesta sobre todo a la larga, ya que la educación auditiva ocupa poco tiempo en el apartado de estudio y, sin embargo, nos permite ahorrar muchísimo tiempo cuando pasan meses.

Lo primero que debemos comprender es que, por las propiedades del oído humano, la educación auditiva no puede trabajarse durante períodos prolongados de tiempo. Se produce un agotamiento de la percepción auditiva, por lo que dedicar espacios temporales de más de media hora a ésta tarea resultaría contraproducente. De ahí que lo lógico sea trabajar diariamente, o tres o cuatro días a la semana durante aproximadamente 15 o 20 minutos. Si disponemos de más tiempo, debemos espaciar el estudio que realizamos.

Antes de comenzar a estudiar, debemos diseñar un programa. Existen programas en Internet muy útiles para este fin. Lo primero que debemos tener en cuenta es que lo más importante es la diferenciación entre intervalos, para lo cual conviene relacionar melodías conocidas con cada uno de los diferentes tipos de intervalos hasta alcanzar la octava. Por ejemplo, la quinta justa (5) suena como el comienzo de la guerra de las galaxias. Existen intervalos ascendentes, descendentes y armónicos, pero lo lógico, para identificar cada intervalo como una unidad, aparezca en la forma que aparezca, es que únicamente relacionemos una melodía por cada intervalo. En caso contrario, podríamos llegar a considerar las distintas formas de un mismo intervalo, como intervalos diferentes.

Antes de meternos con el estudio auditivo de acordes, escalas, o dictados melódicos o de progresiones, tenemos que tener un porcentaje de acierto en intervalos en su forma simple ( hasta alcanzar la octava desde la tónica) que ronde el 100%. Dado que todo lo demás depende de nuestra capacidad de distinguir intervalos, es ilógico comenzar la casa por el tejado. Después, comenzaremos el estudio de acordes y dictados melódicos, trataremos de cantar pequeñas porciones solistas, y finalmente trataremos las progresiones de acordes.

Por ello, os aconsejo a todos, músicos profesionales o amateurs e instrumentistas varios, que comencéis una rutina de educación auditiva que, a lo largo de los meses,cambiará por completo vuestra vida musical.

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