Mother Engine

A veces sobran las palabras, ¿verdad lectores míos?.

A veces no apetece escuchar mensajes de manera vocal.

A veces el sonido de la voz no es el adecuado para transmitir las cosas.

A veces los sonidos que rebotan en las paredes son más que suficientes para decir todo lo que uno tiene que decir.

A veces es bueno ponerse a los Mother Engine un ratito, escuchar sus siete temas y no decir nada. Y lo más importante, que no te digan nada tampoco y te dejen escaparte a ese sitio en medio de ninguna parte.

A menudo hablamos de discos buenos, Muttermaschine es otro más, impecablemente producido, con unos temas tranquilos, sencillos, directos, cuidados y llenos de mensaje llenos de significados para aquel que quiera saber escucharlas (Brett Hart).

Ellos dicen que empezaron a hacer música instrumental cuando su cantante se fue. Bueno, es otro ejemplo más de que los acontecimientos giran hacia donde giran porque lo necesitan y así debe ser.

Sentid, sentid hijos míos, como los riffs de guitarra caminan de la mano con el resto de la banda apoyándose los unos en los otros y creando una textura que os atrapará.

Así que silencio, silencio, compañeros y compañeros, gravitad hacia su BandCamp y cómo decían los otros: Callad, callad, no hagáis ni un ruido dejad que lo haga la Madre Motor de todo y de todos.

Cuando acabéis y os hayáis limpiado en el viaje, os podéis arrimar por su FaceBook a contarles qué tal ha sido la experiencia.

Silencio, camaradas, silencio; y hasta el Lunes que viene.

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Heavy Relic

¡Ah!, ¡las noches de verano!

Una de las aplicaciones inmediatas de la música, desde mi poco entendimiento es que automáticamente, según chapoteas a través de ella, descubres y experimentas se empiezan a convertir, indefectiblemente en la banda sonora de tu vida.

Y no hay nada que no puedas hacer para evitarlo.

Todos los que estáis leyendo esto seguro que tenéis discos concretos asociados a épocas, a estaciones incluso a momentos concretos de vuestra vida.

A veces es jodido, porque sin querer alguna música queda asociada a épocas que uno quiere olvidar y hay que hacer un esfuerzo muy grande por formatear el recuerdo y escribir uno nuevo; aún así es como un diario, aunque uno tache las páginas y escriba encima en otro color, en el fondo siempre sabes lo que quedó escrito debajo.

La memoria es muy puta.

Y hay discos que se prestan a ello de manera excepcional, por cómo entienden el entorno, por cómo abarcan el espacio convexo que te rodea y lo llena con sonidos.

¿Estáis perdidos, verdad?

A esto me refería. Nunca he sido un gran fan del rock instrumental, ha sido con vosotros que semana a semana he ido introduciéndome en ello para poder bucear en su océano y rescatar los mejores discos y traerlos aquí cada semana y lo que os traigo hoy es una joya de las oscuras y azules profundidades abisales de la psicodelia y el desierto líquido.

Hoy, Lunes 15 disfrutamos de Heavy Relic, un proyecto instrumental, lisérgico, stoner y bastante psicodélico de… de no sabemos muy bien de quién. Heavy Relic se quedan ocultos en la oscuridad de la ignoto y la atracción de lo desconocido.

El caso es que tienen un disco instrumental lleno de texturas, pasajes, historias y partes que queréis descubrir troceado y diseccionado en siete temas para que sea más fácil de digerir y disfrutar (yo lo gozo en este momento con Alchemia en concreto).

Como siempre, podéis escucharlo gratis en su BandCamp y comprarlo al precio que consideréis más oportuno por estas siete composiciones llenas de intención y mensaje.

También os podéis dar una vuelta por su extraña y misteriosa página web y unir los puntos que yo he dejado desdibujados.

Las noches de verano de este año vienen cargadas de groove y misterio. Y cuando se vayan no volverán, ya lo sabéis.

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Feliz Navidad: White Christmas, versión humorística y rockera

Feliz navidad de parte del equipo que conforma www.belialbaez.com

Habéis hecho que este pequeño proyecto crezca este año y habéis conseguido que todos nos interesemos aún más si cabe por la música, conozcamos nuevos grupos con sugerencias, artículos de colaboradores, etc.

Esperamos que este año las penurias económicas no sean el tema de conversación, al menos por una noche y que, como en este video que os dedicamos, el humor esté presente tanto en la noche de nochebuena, como en la comida de navidad.

Y recordar que un estómago lleno de comida y cerveza hace que la mente vea la vida con más optimismo!!!

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Steve Vai en Madrid, crónica de un concierto inolvidable


Existen dos tipos de músicos, por lo general, muy diferenciados. Por una parte, tenemos los músicos de “estudio”, aquellos que ganan con cada disco, que llenan los LPs de detalles, arreglos, con una composición exquisita. Suelen ser buenos en directo, pero se encuentran más cómodos en las salas de grabación y el resultado de sus discos es superior al del directo. El primer Steve Vai pertenecía a este grupo, profesionales, y con muchísimo mérito, con cientos de guitarras grabadas en sus discos, instrumentos irreproducibles en una gira sin llevar orquestas, y un sonido muy procesado.

Por otra parte, existe el músico de “directo”. El músico de directo crea un disco sin importarle tanto la sensación del oyente al escucharlo. Busca las sensaciones, la energía primaria, la conexión con un público real. Disfruta, hace disfrutar. Sus temas pueden no ser geniales, pero buscan el momento en directo. Ese solo de guitarra en el que moverse, en el que alzar la guitarra tras la cabeza o hacer artificios. La pasión, la entrega. El riff o el break de batería que eriza el vello. Steve Vai, en su madurez, se ha convertido en uno de esos músicos.

El domingo 16 de Diciembre, en la sala La Riviera, un genial Steve Vai, con una banda de lujo, compuesta por formación de guitarra rítmico, baterista, bajista, y sumando la originalidad de una genial Lira eléctrica, demostró lo que un genial músico de directo debe ser durante más de 2 horas de concierto, con actuaciones individuales de cada músico, movimientos esperpénticos, un juego de comentarios humorísticos y complicidad con el público, y atuendos cada vez más surrealistas incluyendo sus trajes con luces led, mástiles luminosos en sus ibanez jem y un derroche de virtuosismo y buen gusto.

Vai y su banda abarrotaron la sala madrileña a unos precios que no eran precisamente asequibles, demostrando que la figura del guitar hero y el shred (aunque Vai cada día es menos shredder y más Vai) siguen vigentes y aún pueden llenar salas.

Tocó algunos temas de su nuevo trabajo, The Story of light, pero la actuación se basó, principalmente, en un completo repaso a su discografía, con temas de Flex-able , Passion & Warfare, Fire Garden, Alien Love Secrets o Real Illusions. Además, crearon un tema improvisado con la ayuda de dos colaboradores no músicos del público, que subieron de forma voluntaria para tararear motivos que Vai y su banda tocaron. Vai terminó llamando a la chica, de nombre ángela, “little flower”, en un alarde de simpatía.

Tender Surrender, The audience is listening, Building the church, Whispering a prayer, The answer o The attitude song, aderezados con una impresionante actuación acústica en la que, haciendo gala de un increíble oído musical, cantó las frases que tocaba con su guitarra como hacía George Benson, a una velocidad endiablada.

Nunca había tenido la ocasión de ver a este genio de las 6 cuerdas, y solo puedo expresar mi admiración hacia su labor en directo, si bien, pudiendo hablar a posteriori con fanáticos y seguidores del mismo, descubro que no siempre ha tenido esa energía en directo, algo de agradecer. Vai cada día es más Vai, pero tiene esa energía propia del rock de los 80 en directo.

Como curiosidad, el sonido de Vai era puro. Con su Carvin Legacy Signature, un G-force y un wah, muy poca distorsión, y una técnica de púas y de finger picking con el pulgar increíbles, dio una lección demostrando que un sonido valvular muy puro puede asociarse a la figura de un guitarrista solista.

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