BSO Bandas sonoras y musica clásica, origen y curiosidades

Las BSO, como se conoce a cualquier tipo de música que sirva contextualmente al desarrollo de una película o creación (series, videojuegos) no siempre bebe de la música clásica; una BS puede ser un disco de rock, pop, música ambiental, jazz… Pero el cine de Hollywood y parte del cine europeo siempre acudieron a grandes compositores, generalmente con una fuente de estudios basada en la orquestación y grandísimos conocimientos de armonía, en gran medida (en algunos casos, completamente), basados en el estudio del clásico, y es ese el ejemplo que vamos a tratar en este caso.

Durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, asistimos a la renovación de la música clásica, al alcanzar esta su vertiente más experimental, jugando con tensiones nuevas o previamente “prohibidas” o formas de música atonal u oriental.

Recordemos que el término Música clásica está aceptado en el diccionario y a día de hoy es el correcto para identificar todos los estilos de música clásica, no solo el período del clasicismo. Al contrario que antes, términos como música culta o música docta, carecen de sentido, al ser también música propia de estudio el jazz, el blues, el rock, el folk o el metal.

Si bien la eclosión de las bandas sonoras llegaría en la segunda mitad del siglo XX, con grandes figuras como Goldsmith, Morricone, el sempiterno John Williams, James Horner, Danny Elfman, Nobuo Uematsu, Hans Zimmer, Yann Tiersen destacando a lo largo del siglo pasado y principios de este, sus orígenes tienen lugar mucho antes, en la música clásica “contemporánea”, tanto la atonal, como la experimental, o la que jugaba con tensiones orientales desconocidas o incluso prohibidas hasta la época (juego de movimientos y cadencias tritónicas, por ejemplo).

Como dato curioso, para muchos la primera BSO de la historia es la de la película El cantante de jazz, pero lo cierto es que una BS normalmente narra musicalmente la acción o trama de la película, aunque esta matización no tiene por qué ser obligatoria. En caso contrario, suele considerarse más un Musical que una BSO, algo similar a lo ocurrido en comedias clásicas o películas en las que los protagonistas se arrancan a cantar un tema que no pretende crecer con el ritmo del film o acompañar su sentido dramático. En un musical la película depende de la música, y no al revés, aunque encontramos formas clásicas incluso en películas musicales afamadas, como Love Story.

De hecho, en las primeras BSO como tales, con un corte más clásico, pero con variaciones que provenían del clásico contemporáneo, y que se atreven a ir más allá, incorporando otros estilos, encontramos a figuras como Steiner, uno de los grandes pioneros (King Kong), que curiosamente era alumno de Mahler, uno de los compositores de clásica “moderna” más importantes de la historia de la música.

En autores como Elfman o Zimmer, o el propio Williams, encontramos aquí y allá un detalle arquetípico y clásico, cadencias y orquestaciones al uso, mezcladas con pasajes mucho más atrevidos y delirantes, que en gran medida provienen de autores como Mahler, Debussy, o los “zares” rusos de la música moderna, los geniales Prokofiev (basta escuchar el tramo de Montescos y capuletos de su obra Romeo y Julieta) y Mússogorsky, con su genial obra Cuadros de una exposición.

Estos autores incorporan en gran medida la armonía propia de la música tradicional rusa, que proviene de oriente y guarda formas diferentes a las armonías más tradicionales, en el contexto de una orquestación clásica, y con constantes guiños a las tensiones y la música modal, pero sin llegar a resultar “inaudible” o excesivamente avant-garde.

Por ello, si realizamos un estudio de los autores clásicos más influyentes, figuras como Mahler, Debussy, Prokofiev o Músogorsky, de diferentes escuelas, pero con un gusto por la experimentación armónica que les aleja de los precedentes más clásicos, veremos su firma en muchas grandes obras maestras, como Tiburón o Star Wars (Williams), cualquier BSO de Danny Elfman (MIB, Eduardo manostijeras…)…

Por supuesto, esto no tiene por qué ser referido a todo el ámbito de la BS, pues como explico previamente, las mismas pueden contener música de muy diversos estilos, aunque a día de hoy, obras como Harry Potter (Williams), Los piratas del caribe, Inception o la trilogía de Batman más moderna (estas tres últimas de Zimmer) destacan por encima de otras con formato canción, quizás porque al ser música instrumental, realizada en el contexto de una orquestación, permite alcanzar diferentes cotas de intensidad y abandonar las formas clásicas más antiguas para retornar de nuevo a la música contemporánea.

Con el paso de los años vemos como en las BSO afloran tres tendencias diferentes:

Música clásica: tiene por objetivo contextualizar musicalmente el desarrollo de la película, y por ello se adecúa en tiempos y formas al guión. Hoy en día mezcla elementos clásicos con modernos, algo que se ve en el uso de instrumentos eléctricos combinados con secciones de cuerda, viento, percusión o corales.

Formato canción: La contextualización del desarrollo es mucho menor, pero si que puede incidir en un momento dado. Quién no recuerda el famoso Unchained Melody en Ghost mientras la pareja recrea una escena romántica y erótica dando forma a una vasija, aunque el tema no fuera hecho para la película, algo que si ocurre en El guardaespaldas.

Música instrumental general: Al igual que la clásica, contextualiza. Podemos encontrarnos una BSO de jazz (aunque pocas veces es original, suelen ser piezas compuestas previamente), BSO de new age, como las realizadas por el genial Vangelis, otras de música electrónica, ambient…

Como vemos, la música clásica sigue vigente hoy en día en un formato comercial en el que además ha evolucionado, tomando elementos de la música contemporánea y las músicas del mundo, y reinventándose a si misma.

Muchas personas que creen vivir alejadas de este estilo, o muchas otras que creen saberlo todo sobre el mismo, viven rodeadas de nuevas formas que algún día pasarán a formar parte de escuelas que estudien un estílo de música que, tal vez, debiera encontrar un nombre más adecuado.

 

 

 

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