Acerca de Belial Baez

Belial Báez, guitarrista de Damnnation y Llvme, habitualmente guitarrista acústico con cantantes profesionales, profesor de música y actualmente estudiante de guitarra y armonía jazz y canto. Administrador y redactor de www.guitarristas.info y músico profesional en formaciones como Musical Compass

La censura en la música por estilos ocurre todos los días y nadie habla de ella

Hablar sobre la censura en la música está de moda, pero nadie habla sobre una forma de censura institucional que parece ser totalmente independiente del signo político y que sucede en la práctica totalidad de las constrataciones realizadas por las instituciones: la censura de estilos.

Tras la censura sufrida por diversos grupos por motivos ideológicos, realizada en los últimos tiempos por partidos políticos de diferente ideología, la censura en la música vuelve a estar en el candelero. Sin embargo, los análisis sobre la censura se basan únicamente en la ideología explícita y el componente lírico (letras), motivo por el cual se obvia la realidad de la censura institucional que sufren determinados estilos musicales en nuestro país.

¿A qué me refiero con esto? La ideología explícita es aquella que podemos escuchar de forma directa en el componente lírico (letra), pero es solo una parte (en cierto sentido menor) del lenguaje de la música, que viene existiendo desde hace miles de años sin el componente lírico que explicita el mensaje.
Más allá de este componente, existen mensajes implícitos que se desarrollan en la música, pues precisamente un cometido de la música instrumental es narrar historias, emociones o actitudes ante la existencia.

Además, hay un componente implícito diferente, que tiene que ver con el aspecto cultural de la música y su contexto histórico-político. En el jazz, por ejemplo, el componente cultural implícito es la libertad frente a la esclavitud, el poder del cuerpo, el ritmo y el movimiento y la liberación de las restricciones de la sociedad reaccionaria blanca, que impedía a la población afroamericana expresar sus raíces culturales.
En el rock tuvo mucho que ver con la liberación sexual, pero también con la confrontación con una sociedad de consumo en la que la existencia de cada persona estaba prefijada por sus padres. Era una suerte de choque intergeneracional. El metal buscaba expresar la rabia frente a quienes confrontaban a través del pacifismo, no rechazando las pasiones y la emoción de la ira del ser humano. Por contra, el punk era una forma de rebeldía antisistema muy relacionado con el movimiento anarquista.

También hay un componente social y generacional que diferencia a los estilos, con la creación de tribus urbanas, o con el consumo de estilos musicales en personas que comparten gustos o características conductuales. Es decir, los estilos musicales tienen un componente, como mínimo, triple de diferenciación: mensaje no lírico, aspecto cultural o mensaje implícito del estilo y componente social de afinidad.
Por supuesto, ese componente de diferenciación termina con una desideologización a lo largo de los años. El rock puede ser sexualmente conservador, el jazz puede hablar sobre la vida de unos blancos en su mansión, y el blues no tiene por qué reflejar ningún sentimiento racial. La ideología se difumina y al final final queda la música. Muchos grupos practican estilos con una identidad cultural inicial muy marcada, y sin embargo su música no es ideológica. Y están en su derecho, pues la música es, en sí misma, un valor cultural que no requiere de un componente sociopolítico.

Sin embargo, la única censura de la que escuchamos hablar en redes sociales, tv y radio es la que tiene que ver, de forma directa, con las letras. Censuras, además, que suelen realizarse a posteriori, es decir, cancelación de conciertos, y que apenas vienen a representar la punta del iceberg de la cultura en nuestro país. De hecho, si comparamos los últimos casos de censura con la censura a priorique sufren diferentes estilos musicales, no representan apenas un caso de cada 1000.

Un ejemplo sería el metal, pero también podemos acudir al blues, al jazz, o al hard rock (que no rock urbano, más influenciado por el punk). Otro, la música clásica o instrumental.
En nuestro país hay miles de bandas que pugnan por destacar en el panorama musical. Si habéis permanecido o estáis en el movimiento, tal vez os choque percataros de que los ayuntamientos de un signo de derecha suelen contratar bandas de estilos determinados, y los de izquierdas bandas de otros estilos determinados.
Pop, indie, rock urbano, punk, rap, hip-hop, cantautores, flamenco… son estilos comunes en las contrataciones institucionales. Los ayuntamientos censuran respectivamente, no solo los grupos cuyas letras pertenecen a ideologías contrarias a su signo, sino aquellos cuyos estilos representan una ideología implícita, aunque los grupos no tengan nada que ver con eso porque el estilo esté desideologizado.
Ahora bien, hay estilos que, sea por afinidad cultural o ideológica, sufren esa censura por parte de todas las instituciones, sea cual sea su signo, y nadie habla sobre ello.
Estilos con un seguimiento masivo y que son practicados de forma mayoritaria por los grupos y músicos de nuestro país. Y si no, haced la prueba, acudid a locales de ensayo, y comparad la cantidad de grupos con nivel semiprofesional que hacen rock, metal, blues, jazz o música instrumental con los que hacen otros estilos de los que he citado antes, como puede ser el indie de tendencia «hipster» o los cantautores.

¿Por qué nadie habla sobre este tipo de censura a priori? Parece que queda fuera de toda duda que, salvo en casos en los que la acción privada o las asociaciones han convertido un evento en algo muy rentable (como festivales de blues y jazz en determinadas localidades) o comunidades autónomas con un mayor nivel de interés cultural en las instituciones, ciertos estilos musicales sufren un grave menoscabo si se comparan las contrataciones institucionales.
¿Cuántos ayuntamientos, de izquierdas o derechas, contratan de forma asidua grupos de hard rock o metal en fiestas de barrios y municipios, a pesar de que son estilos mayoritariamente practicados por los grupos noveles? ¿Por qué es tan difícil ver una banda de blues fuera de una jam session o una sala especializada? ¿Y la música instrumental, más allá de las ciudades que cuentan con auditorios? No vale la excusa de que requiere muchos instrumentos, no necesitas una sinfónica para montar un concierto instrumental que, además, puede interpretar piezas conocidas por la cultura más pop.
Esta censura parece tener diversas causas. Una es que la mayor parte de los grupos políticos son brutalmente endogámicos y herméticos. Son, en sí mismo, una tribu urbana basada en estereotipias. Una guía práctica de los llamados «endogrupos» de la psicología social. Esto implica que normalmente escuchan estilos específicos y que se retroalimentan a sí mismos, entrando cada vez en un bucle cultural más limitado. Por tanto, para ellos grupos con un alto contenido político lírico (siempre que se adapte a sus dogmas herméticos) y artistas de estilos determinados que relacionan con su identidad política son lo más apto para contratar. No siempre tiene que ver tanto con que sean personas de su entorno, como que ellos forman parte de la identidad social y cultural que relacionan con su identidad política, como «mente colmena».

Hay quien podría decir que esto no es censura, que obedece a un problema de desconocimiento, al hecho de que muchos concejales y personal de los ayuntamientos desconocen los estilos musicales. Que es inconsciente. Pero la realidad es que eso no importa. Si se censura un estilo porque a los responsables públicos no les gusta, es censura. Y si es porque desconocen ese estilo, es que son unos incompetentes que deberían ser inhabilitados para realizar su trabajo.
Necesitamos que las instituciones tengan en el ámbito cultural a personas responsables y equipos que conozcan el funcionamiento del mundo cultural y deleguen cuando sea necesario. No que utilicen las áreas culturales como peones para intercambiar en su juego político o un cementerio de elefantes donde enviar al inútil al que no sabes cómo colocar.

Todo esto lleva a pensar en cuáles son los criterios de contratación en las instituciones. ¿Quién decide cómo se contrata, bajo qué criterios? ¿Gusto personal? ¿Importancia cultural y artística? ¿Interés del público?

Es obvio que una de las labores más importantes del plano institucional es preservar y promover la cultura. No actuar únicamente como una «sala de fiestas» que lleve en cada momento al grupo de moda. Se necesita un equilibrio entre el plano lúdico y el cultural.
España es uno de los países europeos con menos cultura musical, tanto en el sistema educativo, como a nivel institucional. Ciudades que se supone tienen en la cultura su principal eje apenas hacen hincapié en la formación cultural, en enseñar que la cultura y la música no son solo «fast food». Es muy importante «comerse» un «perrito caliente musical» como podría ser un concierto de música ligera de baile, pero tan importante como eso es enseñarle a la población (especialmente, la gente más joven) que existe otro tipo de cultura. Una vez más, si no, la institución confunde su cometido con el de una sala de fiesta.
Esto se solucionaría, especialmente en ciudades grandes, con comisiones y comités especializados. No nos confundamos, nunca será un sistema perfecto. Siempre habrá quien practique el nepotismo, pero al menos eliminamos el criterio de contratación de personas que no saben nada sobre música, que solo conocen aquellos estilos que refuerzan los medios de masas.

Actualmente, la (mala) labor institucional en cultura, que establece una forma de censura a priori por estilos, establece una desigualdad de base que está cerrando las puertas a diversos estilos y que está primando cultural y socialmente unos estilos sobre otros. Cuando vemos el programa de fiestas o el programa musical de una capital de provincia a lo largo del año y faltan estilos completos, o estos tienen una presencia prácticamente insignificante, no nos percatamos, pero el Ayuntamiento de turno está invisibilizando y guiando el gusto de la población.
Una vez más, la perfección es imposible, y si un festival de jazz funciona bien, o lo hace uno indie que está patrocinado o subvencionado por X Ayuntamiento, lo lógico será continuar por esa senda, por supuesto. Pero, aún siendo imperfectos, sería deseable que las instituciones, que tienen una labor clave en la educación musical y el conocimiento de los diferentes estilos, no sean precisamente quienes se dedican a sembrar la desigualdad que posteriormente incide en el ámbito privado y en los gustos futuros de toda una generación.

 

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